Las recientes elecciones parlamentarias en Japón marcaron un antes y un después en la política del país. El Partido Liberal Democrático (PLD), fuerza que dominó la escena desde la posguerra, sufrió su peor resultado histórico, mientras que el partido Sanseito, liderado por Sohei Kamiya, emergió con fuerza con un discurso nacionalista, populista y con tintes ecologistas.

Este proceso electoral no solo refleja un cambio interno en la política japonesa, sino que también abre interrogantes sobre el rumbo de la democracia en Asia y la relación de Japón con temas clave como la inmigración, la transición energética y su papel en el nuevo orden mundial.


El fin de la hegemonía del Partido Liberal Democrático

El 20 de julio de 2025, los japoneses acudieron a las urnas para renovar la mitad de la Cámara de Consejeros, la cámara alta del parlamento. El resultado sorprendió a muchos:

  • El PLD, junto con su socio Komeito, obtuvo apenas el 21% de los votos, su peor desempeño histórico.

  • El Partido Democrático Constitucional, de corte progresista, logró 22 escaños, capitalizando el hartazgo ciudadano.

  • Pero la gran sorpresa estuvo en la derecha emergente, donde Sanseito y otras fuerzas lograron captar la atención mediática y sumar un número significativo de bancas.

El primer ministro Shigeru Ishiba, en el poder desde 2024, gobierna ahora un país fragmentado, envejecido y en crisis de confianza hacia sus instituciones. Para los votantes más jóvenes, el PLD dejó de ofrecer respuestas creíbles a problemas como el empleo, la desigualdad y el futuro económico.


Sohei Kamiya y el ascenso del populismo japonés

El gran protagonista de la jornada fue Sohei Kamiya, líder de Sanseito, un partido fundado en 2020. Con un estilo que mezcla espiritualidad sintoísta, devoción hacia el emperador Naruhito y un discurso nacionalista, Kamiya representa una nueva versión del populismo global.

Su mensaje se resume en un eslogan claro: “Japón Primero”. Entre sus principales propuestas destacan:

  • Frenar la inmigración legal.

  • Eliminar subsidios a residentes extranjeros.

  • Impedir que los extranjeros trabajen en el sector público.

  • Impulsar una economía circular en armonía con la naturaleza.

Este enfoque, que combina un nacionalismo férreo con un discurso ecológico, lo diferencia de los populismos occidentales. Sin embargo, comparte con ellos una narrativa antiinmigrante y un fuerte rechazo al globalismo.


Japón y la inmigración: una tensión histórica

El auge de Sanseito no puede entenderse sin analizar la relación de Japón con la inmigración. Aunque la población extranjera apenas representa el 3%, las cifras han crecido de forma sostenida:

  • 2012: 2 millones de extranjeros.

  • 2019: 3 millones.

  • 2024: 3.5 millones.

La llegada de migrantes y turistas responde a una política de Estado: Japón necesita mano de obra para sostener su economía ante una población envejecida y en retroceso. Sin embargo, este cambio ha generado tensiones sociales.

La percepción de que los extranjeros afectan la cultura, la seguridad o incluso el acceso a empleos alimenta discursos como el de Kamiya. Aun cuando no existe una “crisis migratoria” real, el umbral cultural de tolerancia es mucho más bajo que en países como Canadá o Alemania.


Populismo japonés: diferencias y similitudes con Occidente

Aunque Sanseito comparte puntos con el MAGA estadounidense de Donald Trump o con partidos europeos como la AfD en Alemania, su populismo tiene rasgos propios:

  • Huella ecológica: a diferencia de la mayoría de los populismos de derecha, Sanseito apuesta por una narrativa de cuidado ambiental y economía circular.

  • Sintonía cultural: apela a la tradición sintoísta y a la unidad nacional alrededor del emperador.

  • Retórica excluyente: utiliza el rechazo a los extranjeros como catalizador del malestar social, culpándolos de problemas como inflación, escasez de arroz o altos precios inmobiliarios.

Este modelo híbrido refleja cómo el populismo se adapta a las culturas locales, manteniendo un núcleo común de nacionalismo, antiinmigración y desconfianza hacia el globalismo.


Repercusiones regionales y geopolíticas

El crecimiento de Sanseito no solo impacta en la política interna, sino que también genera implicaciones internacionales:

  1. Relación con China: el auge del nacionalismo se alimenta del temor a una China cada vez más poderosa, tanto económica como militarmente.

  2. Dependencia de Estados Unidos: con Donald Trump como referente simbólico para algunos sectores de la derecha japonesa, crece la desconfianza sobre la protección estadounidense en Asia.

  3. Seguridad regional: un Japón más nacionalista podría endurecer su postura frente a Corea del Norte y reforzar su capacidad militar, rompiendo con décadas de pacifismo constitucional.


El papel de la desinformación y la influencia digital

Otro factor clave en estas elecciones fue la desinformación en redes sociales. Investigaciones locales señalan la presencia de bots rusos y el uso de inteligencia artificial para difundir mensajes falsos sobre los extranjeros, como supuestas deudas médicas millonarias o aumentos ficticios en la asistencia social.

Estos discursos, aunque refutados por el gobierno y verificadores independientes, calaron en una parte del electorado que siente que “finalmente alguien dice lo que pensaban en silencio”.


El futuro de Sanseito: ¿auge pasajero o consolidación política?

Aunque Sanseito logró un resultado histórico al pasar de 2 a 15 escaños, su futuro aún es incierto. Especialistas como Hidehiro Yamamoto, de la Universidad de Tsukuba, advierten que muchos partidos nuevos en Japón han tenido ascensos rápidos pero caídas igual de abruptas.

La clave estará en si Kamiya logra transformar su discurso populista en propuestas concretas que respondan a las necesidades de una población preocupada principalmente por:

  • La inflación.

  • El estancamiento económico.

  • El envejecimiento demográfico.


El paralelo con la transición energética y el orden global

El giro político en Japón ocurre en paralelo con debates globales sobre la transición energética y el nuevo orden económico mundial. La resistencia a abrirse a la inmigración refleja la tensión entre nacionalismo y globalización, la misma que frena la cooperación internacional frente al cambio climático.

Libros recientes como The New Global Economic Order, de Dani Rodrik y Lili Yan Ing, sostienen que el futuro económico se jugará más en la política y la legitimidad social que en la mera eficiencia de los mercados. Japón, atrapado entre su pasado y los retos del siglo XXI, es un ejemplo claro de este dilema.


Japón en una encrucijada histórica

Las elecciones de julio de 2025 marcaron el fin de la era de dominio absoluto del PLD y abrieron la puerta a una política más fragmentada, inestable y populista.

El ascenso de Sanseito y de Sohei Kamiya muestra que incluso una sociedad disciplinada y homogénea como la japonesa no está exenta de las olas populistas que recorren el mundo.

El reto ahora será determinar si este populismo ecológico-nacionalista se consolida como una fuerza transformadora en la política japonesa o si quedará como un episodio más en la historia de un país que, pese a sus resistencias, no puede escapar de los cambios globales.

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