Elecciones presidenciales de 2025 en Bolivia han marcado un antes y un después en la historia política del país. Tras dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), el escenario electoral dio un giro inesperado al llevar a segunda vuelta a dos candidatos opositores que, lejos de coincidir en propuestas, han intensificado la confrontación política con ataques verbales y campañas negativas.
El 19 de octubre se celebrará el balotaje entre Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), y el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, de la alianza Libre. Los sondeos previos muestran un escenario competitivo, con una ligera ventaja para Quiroga, pero lo que realmente marca la campaña es la polarización, el uso de noticias falsas y las agresiones entre equipos rivales.
El fin de una era: 20 años de hegemonía del MAS
El resultado de la primera vuelta electoral supuso el cierre de un ciclo político de dos décadas dominado por el MAS. Ninguno de sus candidatos logró superar el 20 % de la votación, lo que evidenció un desgaste profundo en la fuerza política que gobernó Bolivia desde 2006, primero bajo la figura de Evo Morales y posteriormente con sus sucesores.
Los comicios del 17 de agosto de 2025 situaron a Rodrigo Paz como la gran sorpresa, con un 32,06 % de los votos, mientras que Jorge Quiroga alcanzó un 26,70 %. De esta manera, ambos candidatos opositores dejaron fuera de carrera a los tradicionales favoritos de las encuestas: Samuel Doria Medina y Andrónico Rodríguez.
Este resultado abrió la puerta a la primera segunda vuelta presidencial desde la incorporación del balotaje en la Constitución de 2009.
Elecciones rumbo a una segunda vuelta cargada de polarización y agresiones
De acuerdo con analistas como Ricardo Paz y Carlos Cordero, la segunda vuelta en Bolivia está marcada por un nivel inédito de polarización. En palabras de Paz, “lo que estamos viviendo es una campaña de contraste muy agresiva que en algunos aspectos deriva en guerra sucia”.
La irrupción de nuevas tecnologías, como la Inteligencia Artificial (IA), en la estrategia de campaña ha multiplicado la difusión de desinformación y ataques cruzados en redes sociales. La consigna ya no es “vote por mí”, sino “vote contra mi rival”, lo que ha endurecido la contienda.
Las declaraciones públicas reflejan el ambiente crispado. Edman Lara, compañero de fórmula de Paz, arremetió contra Quiroga con insultos y advertencias de fraude. Del lado contrario, Juan Pablo Velasco, candidato a la vicepresidencia por Libre, tildó a Paz y Lara de “irresponsables” y retó a su contrincante a debatir en un mercado popular, desafío que nunca fue aceptado.
Incluso el propio Rodrigo Paz se ha sumado al cruce de mensajes, criticando en redes sociales que “la falta de propuestas se ve cuando la estrategia de campaña es el ataque y la desvirtualización de cada intento de progreso”.

El papel del Tribunal Supremo Electoral y el fracaso del “acuerdo por la democracia”
Ante la escalada de agresiones, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) promovió un “acuerdo por la democracia” con el objetivo de frenar la guerra sucia. Ambos candidatos firmaron el documento, comprometiéndose a llevar adelante una campaña propositiva. Sin embargo, los compromisos se desvanecieron rápidamente y el tono confrontativo volvió a imponerse.
Los analistas advierten que este clima deteriora la confianza ciudadana en las instituciones y alimenta un voto emocional, más orientado por la aversión hacia el rival que por la evaluación de propuestas concretas.
Encuestas rumbo al balotaje: ventaja de Quiroga sobre Paz
Los primeros sondeos tras la primera vuelta muestran un escenario competitivo, aunque con una clara inclinación hacia Jorge Quiroga.
Según un estudio de Ciesmori para Unitel, Quiroga lidera la intención de voto con un 47 %, frente al 39,3 % de Paz, una diferencia de 7,7 puntos porcentuales. La proyección sobre votos válidos amplía la ventaja a 54,5 % contra 45,5 %.
Lo más llamativo es que el 66 % de los electores ya tiene definido su voto, lo que reduce el margen de maniobra para ambos candidatos en estas semanas de campaña. El voto nulo y en blanco, que en la primera vuelta alcanzó casi un 20 %, se redujo significativamente a menos del 9 %.

Migración del voto: el factor decisivo
Uno de los aspectos más analizados es la redistribución del voto de los candidatos derrotados en primera vuelta. Samuel Doria Medina, que quedó tercero con el 20 %, concentra un electorado que ahora parece inclinarse mayoritariamente hacia Quiroga.
De hecho, el estudio de opinión muestra que el 10 % de los votos de Doria Medina migraron a Quiroga, mientras que Paz apenas captó un 5 %. Para el analista Armando Ortuño, este comportamiento responde a que los perfiles de ambos candidatos —empresario y exmandatario— apelan a un electorado similar, de clase media y alta, preocupado principalmente por la crisis económica.
La crisis económica, el tema central de la campaña
Las preocupaciones de los bolivianos se concentran en la falta de dólares, la escasez de combustibles y la inflación. En este escenario, los estudios de opinión señalan que entre el 51 % y el 64 % de los encuestados consideran a Jorge Quiroga como el candidato “más capacitado” para resolver la crisis económica.
El periodista y analista Andrés Gómez Vela lo resume en una idea clara: en estas elecciones domina el “voto bolsillo” o “voto estómago”. Es decir, el pragmatismo económico pesa más que la lealtad ideológica o partidaria.
El perfil de los votantes: diferencias generacionales
Las encuestas también muestran un patrón generacional en la intención de voto:
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Quiroga concentra apoyo entre jóvenes de 25 a 45 años y adultos mayores de 61 años en adelante.
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Paz obtiene mejores resultados entre los electores de 45 a 60 años.
Este comportamiento refleja diferencias en las prioridades: mientras los jóvenes y adultos mayores buscan estabilidad económica y experiencia de gobierno, los votantes de mediana edad se identifican más con el discurso de renovación que impulsa Paz.
El reto para Paz: remontar la desventaja
A pesar de haber sido el ganador sorpresivo de la primera vuelta, Rodrigo Paz enfrenta un panorama adverso en el balotaje. Su campaña ha dependido en gran medida de un voto de rechazo a las opciones tradicionales, pero ahora debe consolidar propuestas claras para atraer a indecisos y votantes moderados.
El desgaste provocado por las declaraciones polémicas de su compañero Edman Lara también representa un desafío. Paz necesita mostrar un perfil más institucional y menos confrontativo si pretende reducir la ventaja de Quiroga.

La relevancia histórica del balotaje en Bolivia
El 19 de octubre de 2025 quedará inscrito como la primera segunda vuelta presidencial en Bolivia elegida por voto popular. Antes de la reforma constitucional de 2009, era el Congreso el que definía al presidente en caso de no alcanzarse la mayoría absoluta.
La investidura del nuevo mandatario, prevista para el 8 de noviembre, marcará el inicio de un nuevo ciclo político en Bolivia sin el MAS en el poder. El reto para el próximo gobierno será enfrentar la crisis económica y restablecer la confianza en un sistema democrático marcado por la polarización.
Una elección decisiva para el futuro de Bolivia
La segunda vuelta en Bolivia no solo enfrenta a dos candidatos, sino también a dos estilos de hacer política: el de la experiencia y el pragmatismo representado por Jorge Quiroga, y el de la renovación y el discurso opositor encarnado por Rodrigo Paz.
En medio de una crisis económica y un escenario de polarización extrema, los bolivianos decidirán el 19 de octubre quién conducirá al país durante los próximos cinco años. Lo que está en juego va más allá de nombres: se trata de definir el rumbo de un país que busca estabilidad tras el fin de un ciclo de 20 años de hegemonía del MAS.
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