La capital venezolana amaneció este fin de semana con una imagen que contrasta con la gravedad de los acontecimientos recientes: calles tranquilas, comercios abiertos y una ciudadanía que, lejos del caos pronosticado desde el exterior, se moviliza de manera organizada para exigir la liberación inmediata del presidente secuestrado. Tras los bombardeos estadounidenses registrados la madrugada del 3 de enero, Caracas se convirtió en el epicentro de una respuesta popular y política que denuncia lo que el Gobierno venezolano ha calificado como una gravísima agresión militar y una violación flagrante del derecho internacional.
Caracas en calma tras los bombardeos de EE. UU.
A pesar de la conmoción inicial causada por los ataques aéreos de Estados Unidos, Caracas muestra un escenario de relativa normalidad. Desde primeras horas del sábado, los ciudadanos salieron de sus hogares para abastecerse de alimentos, medicinas y combustible, mientras se organizaban manifestaciones de respaldo al presidente Nicolás Maduro, quien fue detenido y trasladado ilegalmente a Nueva York junto con la primera dama Cilia Flores.
Los mercados, farmacias y supermercados operan con normalidad en gran parte de la ciudad. En zonas del este, como Las Mercedes y Los Ruices, se reportó alta afluencia de compradores, pero sin cierres ni desabasto generalizado. La vida cotidiana continúa, incluso bajo la sombra de una de las crisis geopolíticas más graves en la historia reciente del país.
Decreto de Conmoción Exterior y despliegue territorial
Tras los ataques, el Tribunal Supremo de Justicia activó mecanismos constitucionales para garantizar la continuidad institucional. El Decreto de Conmoción Exterior, anunciado por la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez, permitió el despliegue de milicias populares y cuerpos de seguridad en distintos puntos estratégicos de la capital.
Patrullajes conjuntos entre fuerzas policiales y milicianos se observaron en urbanizaciones del centro y del este de Caracas. De acuerdo con testimonios ciudadanos, la medida fue bien recibida ante el ataque cibernético al sistema eléctrico, que dejó sin luz a varias zonas durante horas. Lejos de generar temor, el operativo reforzó la percepción de control territorial y orden público.
Manifestaciones multitudinarias en respaldo a Maduro
Durante el domingo, miles de personas recorrieron avenidas principales de Caracas para exigir la liberación inmediata e incondicional de Maduro y de su esposa. Las movilizaciones, que se sumaron a las del día anterior, estuvieron marcadas por consignas contra el intervencionismo y banderas nacionales, en una demostración de respaldo al proyecto político bolivariano.
En contraste, no se registraron concentraciones relevantes de la oposición extremista, sector que había promovido abiertamente la intervención militar extranjera y la imposición de sanciones como vía para desplazar al liderazgo venezolano y controlar la institucionalidad del país.
Rechazo a la oposición intervencionista y postura de Trump
Desde Washington, el expresidente Donald Trump afirmó que la dirigente opositora María Corina Machado no cuenta con apoyo interno suficiente para asumir el liderazgo del país. Incluso deslizó la posibilidad de “trabajar” con Delcy Rodríguez, una declaración que evidenció las contradicciones del discurso estadounidense y la falta de consenso sobre una alternativa política real dentro de Venezuela.
Estas afirmaciones reforzaron la narrativa del Gobierno venezolano, que denuncia una operación de fuerza sin legitimidad popular, diseñada para imponer una transición controlada desde el exterior.
Seguridad, patrullajes y control ciudadano
En sectores como Los Ruices y zonas cercanas al centro histórico, se documentó la presencia de contingentes policiales y milicianos, en cumplimiento de las órdenes del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quien rechazó públicamente el “cobarde secuestro” del jefe de Estado.
Durante la noche del sábado, vecinos reportaron caravanas motorizadas de patrullaje en distintas urbanizaciones. El objetivo: prevenir actos de sabotaje, proteger servicios estratégicos y garantizar la seguridad ciudadana en un contexto de agresión externa.
Resiliencia social frente a la crisis
La respuesta popular ha sido, sobre todo, una muestra de resiliencia. En Catia La Mar, estado La Guaira —una de las zonas afectadas por los bombardeos—, los ciudadanos acudieron al Mercado Comunitario César Nieves para abastecerse. Aunque se denunciaron abusos de precios por parte de algunos comerciantes, la actividad comercial no se detuvo.
En otras zonas, como Charallave, en el estado Miranda, la vida transcurre con total normalidad: negocios abiertos, transporte funcionando y calles tranquilas. RT constató en el terreno que no existe un colapso social, pese a los intentos de generar pánico desde el exterior.
Daños a infraestructura y ataques estratégicos
Muy cerca de Charallave, fuerzas estadounidenses bombardearon infraestructura clave, incluyendo un aeropuerto privado y tramos del sistema ferroviario que conecta los Valles del Tuy con Caracas y la Autopista Regional del Centro, una arteria vital para el transporte hacia el centro y occidente del país.
Estos ataques confirman, según autoridades venezolanas, que el objetivo no era “proteger a civiles”, sino debilitar la conectividad y logística nacional, afectando directamente a la población.
Secuestro presidencial y traslado a Nueva York
Durante los ataques aéreos, Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron secuestrados por militares estadounidenses y trasladados a Nueva York, donde permanecen recluidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una cárcel federal que ha albergado a presos de alto perfil internacional.
La fiscal general estadounidense, Pamela Bondi, declaró que ambos “se enfrentarán a la justicia estadounidense”, una postura que Caracas califica como ilegal, extraterritorial y política, al basarse en cargos considerados infundados.
Venezuela denuncia una agresión para apoderarse de sus recursos
Tras los bombardeos, Washington anunció que dirigirá la política venezolana hasta considerar que existe una “transición segura”. Para el Gobierno bolivariano, esta declaración confirma que el verdadero objetivo es el control de los recursos estratégicos, particularmente petróleo y minerales, mediante la fuerza.
El Ejecutivo calificó la operación como un intento de quebrar la independencia política de la nación, evocando una larga historia de intervenciones en América Latina bajo distintos pretextos.
Delcy Rodríguez asume la presidencia encargada
Ante el secuestro del mandatario, el Tribunal Supremo de Justicia dispuso que Delcy Rodríguez asuma como presidenta encargada, garantizando la continuidad del Estado y la vigencia del orden constitucional.
La medida fue presentada como temporal y defensiva, mientras continúan las gestiones diplomáticas y políticas para lograr la liberación del presidente y denunciar la agresión ante instancias internacionales.
Una capital que resiste
Caracas, hoy, es el reflejo de un país que resiste sin rendirse. Entre calles tranquilas, patrullajes preventivos y manifestaciones multitudinarias, la capital venezolana envía un mensaje claro: no hay vacío de poder ni respaldo popular a la intervención extranjera.
Lejos del caos anunciado por Washington, la ciudad muestra organización, conciencia política y una movilización popular que exige soberanía, respeto y la liberación inmediata de Nicolás Maduro. En medio de la crisis, la capital se mantiene en pie, reafirmando que el futuro de Venezuela no se decide con bombas, sino con la voluntad de su pueblo.
