Madagascar atraviesa una de las crisis políticas más graves de su historia reciente. Un grupo de militares se rebeló contra el presidente Andry Rajoelina, llamando públicamente a desobedecer las órdenes de disparar contra los manifestantes. La situación ha escalado rápidamente y, según diversas fuentes, el Gobierno ha denunciado un intento de golpe de Estado, mientras miles de ciudadanos continúan movilizándose en la capital, Antananarivo.

El movimiento, encabezado por un contingente militar del Cuerpo de Administración de Personal y Servicios del Ejército de Tierra (CAPSAT), se unió a las protestas que desde finales de septiembre exigen la renuncia del presidente. Los soldados instaron a otros cuerpos de seguridad —policías y gendarmes— a unirse a la causa y negarse a reprimir al pueblo.


Llamado a la desobediencia: los soldados se unen a los manifestantes

El sábado por la tarde, hora local, un video difundido en redes sociales mostró a militares de una base cercana a Antananarivo haciendo un llamado a la desobediencia. En el mensaje, los uniformados pedían “unir fuerzas” y “rechazar las órdenes de disparar contra los manifestantes”.

Poco después, ingresaron a la capital y se instalaron en la Plaza del 13 de Mayo, símbolo histórico de las crisis políticas malgaches. La multitud los recibió con aplausos, vítores y banderas nacionales. Este mismo contingente fue protagonista del levantamiento de 2009 que llevó por primera vez al poder a Rajoelina, quien hoy enfrenta la mayor amenaza a su mandato.

“Cierren las puertas y esperen nuestras instrucciones. No obedezcan más las órdenes de sus superiores. Apunten sus armas contra quienes les ordenen disparar sobre sus compañeros”, afirmaron los militares en otro comunicado posterior.

El número exacto de soldados que se unieron al movimiento no ha sido confirmado, pero imágenes difundidas por la AFP muestran varios vehículos blindados marchando junto a los manifestantes, en medio de una atmósfera de euforia popular.


Protestas masivas y represión: la población exige la renuncia del presidente

Las manifestaciones comenzaron el 25 de septiembre con demandas básicas: mejor acceso al agua, electricidad y servicios de salud, además de denunciar la corrupción generalizada. Sin embargo, la represión policial endureció la postura de la población, que ahora exige abiertamente la dimisión del presidente Andry Rajoelina, quien lleva 16 años en el poder.

De acuerdo con Naciones Unidas, al menos 22 personas han muerto y más de un centenar han resultado heridas desde el inicio de las protestas. Sin embargo, el Gobierno sostiene que solo 12 personas han perdido la vida y las califica como “saqueadores y alborotadores”.

Videos difundidos en redes sociales muestran escenas de violencia policial, con el uso de gases lacrimógenos y granadas contra manifestantes, muchos de ellos jóvenes. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió al Gobierno “poner fin al uso de la fuerza innecesaria” y buscar una salida pacífica al conflicto.


El Gobierno malgache endurece su postura y denuncia un golpe de Estado

Ante la rebelión militar, la Presidencia de Madagascar emitió un comunicado denunciando un “intento ilegal de toma del poder”, contrario a la Constitución y a los principios democráticos del país.

“El presidente Andry Rajoelina condena con firmeza este intento de desestabilización y llama a la unidad nacional para defender el orden constitucional”, señaló el texto difundido en la red social Facebook.

A pesar de haber disuelto su Gobierno semanas atrás para calmar las protestas, Rajoelina ha optado ahora por un discurso más firme. Nombró como primer ministro al general Ruphin Fortunat Zafisambo y ha designado como ministros de Defensa, Seguridad Pública y Gendarmería a militares de alto rango.

“Todos procedemos del pueblo, y debemos escuchar sus quejas, pero también garantizar el orden”, declaró Zafisambo en una transmisión en directo.


Nombramiento de un nuevo jefe del ejército: fractura dentro de las fuerzas armadas

El domingo, el ministro de las Fuerzas Armadas Deramasinjaka Manantsoa Rakotoarivelo reconoció oficialmente al general Démosthène Pikulas como nuevo jefe del ejército, tras su elección por parte del CAPSAT, la unidad rebelde.

Durante la ceremonia, el ministro afirmó: “Le doy mi bendición”, mientras Pikulas subrayaba que el ejército tiene la responsabilidad de “restablecer la calma y la paz en todo Madagascar”.

El gesto fue interpretado por analistas como un intento del Gobierno por recuperar el control de las fuerzas armadas, aunque el reconocimiento público a un jefe propuesto por los insurrectos evidencia la profunda división interna del ejército.

El presidente Rajoelina, por su parte, calificó la acción como un “intento de golpe de Estado” y advirtió que tomará medidas para “restaurar la autoridad del Estado”.


Raíces del conflicto: pobreza, corrupción y cansancio social

Madagascar es uno de los países más pobres del mundo. Más del 70% de la población vive con menos de dos dólares al día. A ello se suma un deterioro constante de los servicios públicos, cortes de agua y electricidad, y una corrupción endémica que mina la confianza en las instituciones.

Estas condiciones fueron el catalizador de las protestas, que comenzaron como manifestaciones pacíficas lideradas por jóvenes de la Generación Z. Inspirados en movimientos similares en Kenia y Nepal, los jóvenes malgaches han tomado las calles para exigir cambios estructurales y el fin de décadas de mala gestión gubernamental.

“Queremos un país donde haya luz, agua y futuro”, gritaban los manifestantes frente al Parlamento en Antananarivo. El apoyo popular a los soldados rebeldes refleja el hartazgo generalizado con un sistema percibido como autoritario y desconectado de la realidad social.


Madagascar, un país marcado por los levantamientos

Desde su independencia de Francia en 1960, Madagascar ha vivido múltiples crisis políticas y golpes de Estado. En 2009, el ejército derrocó al presidente Marc Ravalomanana y colocó en el poder al entonces alcalde de la capital, Andry Rajoelina, que tenía solo 34 años.

Rajoelina fue reelegido en 2018 y nuevamente en 2023, en unos comicios polémicos y boicoteados por la oposición. Sin embargo, su liderazgo ha sido constantemente cuestionado por acusaciones de autoritarismo y represión.

El nuevo levantamiento, en el que incluso vehículos blindados y soldados se unieron a los manifestantes, recuerda a los episodios de 2009, lo que alimenta el temor de que la nación vuelva a caer en un ciclo de inestabilidad prolongada.


El futuro de Madagascar: diálogo o colapso institucional

El presidente Rajoelina ha insistido en que el diálogo nacional es la única vía posible, pero los líderes de las protestas lo han rechazado, exigiendo su renuncia inmediata. El control del CAPSAT sobre el ejército y la simpatía popular hacia los soldados rebeldes plantean un desafío monumental para la estabilidad del país.

Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación. La Unión Africana y Naciones Unidas han pedido una resolución pacífica de la crisis y respeto al orden constitucional.

Madagascar se encuentra hoy en una encrucijada: o inicia un proceso de diálogo real que devuelva la confianza de la población, o corre el riesgo de repetir los errores del pasado con un nuevo ciclo de violencia y fractura institucional.


La rebelión militar en Madagascar no es solo una crisis de poder, sino el reflejo de un profundo malestar social acumulado por años. Con un Gobierno debilitado, un ejército dividido y una población movilizada, el futuro político de la isla del océano Índico es más incierto que nunca.