Crisis en el principal destino turístico de Perú

Machu Picchu, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, enfrenta una crisis que amenaza no solo a su reputación internacional, sino también a la economía de miles de familias que dependen del turismo en la región de Cusco. A mediados de septiembre de 2025, más de 1.400 turistas fueron evacuados tras varios días de bloqueos en la ruta de acceso a la ciudadela inca.

Las protestas se originaron por la falta de transparencia en la adjudicación del contrato público para la operación de los buses que conectan el pueblo de Machupicchu con el santuario. La tensión social, que ya ha sido recurrente en los últimos años, vuelve a colocar a Perú bajo los reflectores internacionales por conflictos internos que impactan directamente en su imagen como destino seguro y atractivo.

La importancia de Machu Picchu para Perú

El santuario histórico de Machu Picchu, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983, es visitado diariamente por miles de viajeros. Antes de la pandemia, en 2019, alcanzó un récord de más de 1.5 millones de turistas en un solo año. Este 2025, la cifra apunta a recuperarse, aunque la inestabilidad amenaza con frenar esa tendencia.

El turismo representa el 12% del Producto Interno Bruto de Cusco, lo que convierte a Machu Picchu en una pieza clave de la economía regional. Hoteles, restaurantes, transportistas, artesanos y agricultores dependen de la llegada constante de visitantes. Por ello, cada bloqueo o cierre temporal afecta a miles de familias.

Según Juan Stoessel, vicepresidente de la Cámara Nacional de Turismo, “un turista extranjero que viene a Perú y no puede visitar Machu Picchu puede decidir cambiar de destino”. La frase refleja el riesgo latente: perder competitividad frente a otros destinos internacionales.

¿Por qué protestan en Machu Picchu?

El conflicto actual se centra en la concesión del servicio de buses que trasladan a los visitantes desde el pueblo de Machupicchu hasta la ciudadela. Esta ruta genera alrededor de 32 millones de dólares al año, lo que la convierte en una de las operaciones más lucrativas de la región.

Los manifestantes denuncian que el contrato se otorgó sin la debida transparencia, beneficiando a una sola empresa y dejando fuera a otros posibles competidores. Madeleine Burns, ex viceministra de Turismo, explicó que “la falta de transparencia es el mayor problema, ya que no se permitió una licitación abierta y clara”.

La inconformidad estalló el domingo 14 de septiembre, cuando los manifestantes bloquearon las vías del tren con piedras y escombros. Esto obligó a suspender el servicio de las dos principales operadoras ferroviarias, PeruRail e IncaRail, dejando varados a cientos de viajeros.

El impacto directo en los turistas

La suspensión del transporte generó escenas de incertidumbre. Familias enteras, mochileros y grupos turísticos se vieron obligados a abandonar Machu Picchu a pie o esperar hasta que el gobierno organizara su evacuación.

La ministra de Turismo, Desilu León, confirmó que 679 visitantes fueron evacuados el martes 16 de septiembre, sumándose a los cientos que ya habían salido por vía terrestre en los días previos. Aunque una tregua temporal de 72 horas permitió la reanudación parcial de los trenes, el problema de fondo sigue sin resolverse.

Un conflicto que se repite en Machu Picchu

Las protestas no son un hecho aislado. En enero de 2025, el acceso al santuario también fue cerrado debido a la disputa por el nuevo sistema de venta de boletos en línea. Situaciones similares se vivieron en 2023 y 2024, afectando la imagen del país frente a los visitantes extranjeros.

Estos episodios recurrentes han generado un ambiente de desconfianza entre turistas y agencias de viajes. Machu Picchu, a pesar de su atractivo universal, comienza a verse como un destino vulnerable a la conflictividad social.

¿Podría Machu Picchu perder su estatus de Maravilla del Mundo?

El proyecto New7Wonders, encargado de la votación mundial en 2007 que declaró a Machu Picchu como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, advirtió que el sitio corre el riesgo de perder su designación si no se implementan medidas de conservación y gestión sostenible.

La organización señaló que el Gobierno de Perú ya recibió propuestas para un plan estratégico, pero que la falta de decisiones concretas pone en entredicho el compromiso del país con la preservación del santuario.

El Ministerio de Cultura respondió que la UNESCO es la única entidad competente para decidir sobre la conservación del sitio y aseguró que Machu Picchu no se encuentra en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro. Sin embargo, los cuestionamientos internacionales se mantienen.

Consecuencias para la industria turística de Perú

El turismo en Perú ya había sufrido una fuerte caída por la pandemia. Aunque la recuperación ha sido lenta, Machu Picchu sigue siendo el motor principal que atrae a visitantes internacionales.

Si la inestabilidad persiste, las agencias de viajes podrían redirigir sus paquetes hacia otros destinos de la región andina, como Ecuador o Bolivia, reduciendo el flujo hacia Perú. Esto tendría consecuencias graves no solo para Cusco, sino también para el país en su conjunto.

Los principales afectados serían:

  • Guías turísticos, que dependen del flujo constante de grupos organizados.

  • Artesanos locales, cuyas ventas caen drásticamente en cada cierre.

  • Hoteleros y restauranteros, que enfrentan cancelaciones masivas.

  • Agricultores y transportistas, que abastecen a la zona turística.

¿Problema estructural o coyuntural?

Expertos señalan que el caso de Machu Picchu refleja un problema estructural de gobernanza en Perú. La administración del santuario depende del gobierno central, pero las comunidades locales sienten que no reciben una parte justa de los ingresos que genera.

A esto se suma la falta de coordinación entre instituciones, la presión del turismo masivo y las denuncias constantes por prácticas irregulares en la venta de boletos y la gestión del transporte.

Sin un acuerdo sostenible y transparente, las protestas podrían repetirse, generando un círculo vicioso que daña la imagen del país y frena su desarrollo turístico.

El camino hacia una solución

El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo anunció una nueva mesa de diálogo con gremios turísticos y autoridades locales. Además, la Defensoría del Pueblo logró intermediar para garantizar el libre tránsito de trenes durante al menos 72 horas.

Sin embargo, los especialistas advierten que no basta con medidas temporales. Se necesita un plan integral de gestión sostenible que contemple:

  • Un sistema de concesiones transparente y participativo.

  • La redistribución equitativa de los ingresos turísticos.

  • Políticas de conservación que limiten la sobrecarga de visitantes.

  • Coordinación efectiva entre gobierno central, regional y comunidades.

El futuro de Machu Picchu está en juego

Machu Picchu no es solo un símbolo de la identidad peruana, sino también un motor económico vital. Las recientes protestas muestran que la falta de transparencia y coordinación amenaza tanto su valor cultural como su papel en la industria turística internacional.

El riesgo de perder la designación de Maravilla del Mundo, sumado al impacto económico en miles de familias, debería ser una alerta roja para el gobierno peruano. Sin medidas concretas, la “joya de los Andes” podría pasar de ser un orgullo nacional a un caso emblemático de mala gestión patrimonial.

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