Sudamérica se perfila como la región petrolera con el crecimiento más acelerado del planeta. En los últimos años, la producción de crudo ha alcanzado niveles históricos y, según proyecciones de la Agencia Internacional de Energía y de consultoras especializadas, el continente superará en ritmo de expansión a potencias tradicionales como Medio Oriente y Estados Unidos.
Los cálculos anticipan que entre 2024 y 2030 la producción petrolera sudamericana crecerá más del 30 %, alcanzando cerca de 10 millones de barriles diarios. Este fenómeno tiene como motores principales a Brasil, Guyana y Argentina, con proyectos de clase mundial que han convertido al sur del continente en un imán para inversiones internacionales.
Pero este crecimiento también abre interrogantes: ¿qué significa para la transición energética global? ¿Quién financia esta expansión en territorios sensibles como la Amazonía? ¿Es sostenible depender de materias primas en lugar de apostar por innovación y educación?
Brasil, el gigante del presal y líder regional
Brasil es hoy el motor petrolero de Sudamérica. En junio de 2025, batió un récord histórico al superar los cinco millones de barriles diarios de petróleo y gas natural. El atractivo de este país radica en su zona del presal, formaciones geológicas submarinas cubiertas por gruesas capas de sal, bajo las cuales se encuentran algunos de los yacimientos más ricos del planeta.
Los proyectos Búzios, Mero, Sépia y Atapu figuran entre los más grandes del mundo en aguas profundas. La estatal Petrobras lidera las operaciones, acompañada por consorcios internacionales. Según expertos, estos campos ofrecen alta productividad y menor intensidad de carbono, lo que los convierte en apuestas atractivas para las grandes petroleras que buscan eficiencia y sostenibilidad relativa.
Guyana: un pequeño país con un gigantesco potencial
Con apenas 800.000 habitantes, Guyana vive un boom histórico desde el descubrimiento en 2015 del bloque Stabroek, donde opera un consorcio liderado por ExxonMobil. Este bloque marítimo es una de las reservas más importantes de petróleo y gas en aguas profundas a nivel mundial.
Se estima que para 2030 Guyana duplicará su producción actual, lo que la convertirá en uno de los mayores exportadores de petróleo per cápita del planeta. El impacto económico es profundo: el petróleo ya representa el núcleo de sus ingresos fiscales y de su crecimiento económico.
Argentina y Vaca Muerta: el fracking como motor
En tierra firme, Argentina tiene un protagonista clave: Vaca Muerta, en la provincia de Neuquén. Se trata de una de las mayores formaciones de hidrocarburos no convencionales del mundo, donde se utilizan técnicas de fractura hidráulica (fracking) para extraer petróleo y gas de esquisto.
En 2025, Vaca Muerta alcanzó un récord con un crecimiento interanual del 28 % en su producción petrolera. Las previsiones apuntan a que podría llegar a producir un millón de barriles diarios en la próxima década, siempre que se concreten las inversiones necesarias en infraestructura.
Un proyecto clave es el oleoducto de más de 400 km que conectará la cuenca neuquina con el Atlántico, previsto para entrar en operaciones a fines de 2026. Sin embargo, especialistas advierten que la velocidad de desarrollo dependerá de la confianza de los inversores y de la estabilidad económica del país.
Otros países: retrocesos y desafíos
No toda la región sigue la misma tendencia. Colombia, Ecuador y Venezuela enfrentan perspectivas de disminución productiva.
-
En Colombia, el gobierno ha mostrado resistencia a abrir nuevos proyectos fósiles, en línea con sus compromisos climáticos.
-
En Ecuador, el agotamiento de reservas y la conflictividad social en torno a la explotación amazónica han limitado el crecimiento.
-
Venezuela, pese a contar con las mayores reservas probadas del mundo, sigue atrapada en una crisis estructural que ha desplomado su producción.
Los bancos detrás de la expansión petrolera
Un estudio de Amazon Watch, Urgewald y organizaciones regionales reveló que entre 2022 y 2024 298 bancos canalizaron 138.500 millones de dólares hacia proyectos fósiles en América Latina y el Caribe.
Los principales financiadores son:
-
Santander (España): 9.900 millones USD
-
JPMorgan Chase (EE. UU.): 8.100 millones USD
-
Citigroup (EE. UU.): 7.900 millones USD
-
Scotiabank (Canadá): 7.200 millones USD
El 92 % del financiamiento proviene de bancos fuera de la región, principalmente de Estados Unidos, Canadá, Europa y China.
Además, más de 6.400 inversores institucionales poseen 425.100 millones de dólares en acciones y bonos de empresas que expanden la explotación fósil en la región. Entre ellos destacan gigantes como Vanguard, BlackRock y Capital Group.
Impactos ambientales y sociales
El auge petrolero está en tensión directa con los objetivos del Acuerdo de París.
-
En Brasil, proyectos offshore avanzan en áreas cercanas a ecosistemas sensibles y amenazan especies marinas.
-
En Argentina, el oleoducto de Vaca Muerta hacia el Golfo de San Matías ha generado protestas por el riesgo de derrames.
-
En Perú, el disputado Lote 64 afecta tierras de comunidades indígenas como los achuar, wampís y chapra.
Las organizaciones ambientales advierten que esta expansión equivale a añadir 25.000 millones de barriles de petróleo equivalente a la producción de la región. Si se queman, emitirían el 7,7 % del presupuesto mundial de carbono compatible con el límite de 1,5 °C de calentamiento.
¿Transición energética o dependencia fósil?
Mientras el mundo busca acelerar la transición hacia energías limpias, Sudamérica parece encaminarse en la dirección opuesta. Presidentes como Luiz Inácio Lula da Silva defienden que los ingresos petroleros son necesarios para financiar las energías verdes, aunque los críticos señalan la contradicción de depender de combustibles fósiles para costear la transición.
La realidad es que las renovables todavía no logran competir en escala ni rentabilidad frente al petróleo de aguas profundas o al fracking de Vaca Muerta. Sin embargo, expertos advierten que la dependencia excesiva de materias primas condena a la región a repetir un patrón histórico: exportar recursos sin generar innovación.
Educación, innovación y fuga de cerebros: el otro debate
Más allá de la coyuntura petrolera, América Latina enfrenta un dilema estructural: su modelo de desarrollo sigue basado en la exportación de productos primarios. Más de la mitad de las exportaciones de la región son materias primas, mientras China, EE. UU. y la Unión Europea se apoyan en manufacturas y servicios de alto valor agregado.
La baja inversión en educación (4,3 % del PIB en promedio), la fuga de cerebros y la escasa conexión entre universidades e industria limitan las oportunidades de desarrollo. Según el Banco Mundial, casi el 30 % de las empresas en la región no puede crecer por falta de trabajadores calificados.
En otras palabras, la región exporta petróleo y cobre, pero también exporta talento humano. Y mientras tanto, las economías centrales se benefician de ambos.
¿Oportunidad o trampa para Sudamérica?
Sudamérica se consolida como la región de crecimiento petrolero más acelerado del mundo, con proyectos que transformarán la economía de Brasil, Guyana y Argentina. Sin embargo, la expansión se apoya en un alto costo ambiental y social, financiado principalmente por bancos e inversores extranjeros.
El dilema es claro: ¿seguirá la región apostando a un modelo extractivista dependiente de materias primas, o aprovechará los ingresos extraordinarios para diversificar su economía e invertir en educación, innovación y tecnología?
El boom petrolero puede ser una ventana de oportunidad o una nueva trampa de dependencia. El futuro dependerá de las decisiones políticas y del compromiso real con una transición energética que todavía parece lejana.
PlusValoriza ofrece talleres gratuitos de pensiones IMSS e ISSSTE
