El paro en la BUAP dejó acuerdos importantes, pero sin institucionalizarlos corren el riesgo de olvidarse. Más allá de liderazgos y coyunturas, el movimiento estudiantil debe construir un proyecto político duradero que reforme leyes y reglamentos para garantizar continuidad y memoria institucional.
Les aseguro que si el día de mañana le pasara algo al presidente Xi Jinping, eso no pondría en juego el proyecto quinquenal de China: seguiría funcionando de manera normal. Otro ejemplo es Venezuela: Maduro cayó, pero el chavismo no. ¿Cómo pasó eso? La respuesta es sencilla. Más allá de filias y fobias, es gracias a que construyeron un proyecto político, no un proyecto personal. No tienen politiquillos de bolsillo ni nepobabys; tienen cuadros políticos que le dan continuidad al proyecto.
No es casualidad que, en cuestión de horas, los gobernadores y las dependencias supieran qué hacer ante un hecho insólito a nivel mundial: el secuestro de su presidente.
Nosotros, que venimos de la lucha social y de la izquierda, tenemos que aprender de eso. El movimiento estudiantil debe aprender de dos cualidades organizativas fundamentales de un proyecto general: continuidad e institucionalidad.
Relativamente, el paro terminó hace mucho. Lo traigo a colación porque hubo coyunturas electorales que marcaron un antes y un después en la forma en que se ha moldeado el movimiento. El movimiento estudiantil —y el ánimo mismo— ha cambiado.
¿Y qué se ganó?
La conformación de una minuta de acuerdos que, para algunos estudiantes, es tibia; para algunos docentes, radical. Paristas que pudieron tomar posiciones de decisión ante el Honorable Consejo Universitario o ante unidades académicas. ¿Y luego? ¿Era eso lo que queríamos?
El día de ayer se llevaron a cabo mesas de diálogo para determinar los avances del paro; el día de hoy continuará la segunda parte. Aunque las autoridades, en el término “ejecutivo”, han cumplido, eso no nos garantiza que en dos, cinco o diez años —cuando el movimiento esté más desarticulado por la naturaleza de los relevos estudiantiles— se mantengan los acuerdos que tanto han costado.
Mi experiencia en el paro de 2020 es clara: los acuerdos se olvidan, se incumplen a corto, mediano y largo plazo. Entonces, ¿qué hacer para que no se les olvide? Lo mismo que hizo la Tercera Transformación en la época de la Revolución: plasmar los acuerdos en la ley.
No me refiero a una nueva Constitución, pero sí a una tercera reforma universitaria que analice la mejora continua de la universidad, con el objetivo de consolidarla como una institución de vanguardia e innovadora.
El proyecto es reformar reglamentos, estatutos, la Ley de la BUAP, etcétera. Lo que tenga que reformarse para actualizar la universidad a los nuevos tiempos administrativos y políticos que vivimos. Porque si algún dirigente estudiantil se corrompe, no debería importar. Lo que siempre tenemos que tener claro es que el proyecto es más importante que cualquier persona.
Y el proyecto, hoy por hoy, es lograr que el Consejo legisle los temas surgidos de las minutas de acuerdo de las mesas de diálogo del paro 2025. Por lo mientras.
