El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, lanzó un mensaje con una evidente carga política en medio de la controversia que provocó el regreso y posterior solicitud de licencia de Rubén Rocha Moya como gobernador de Sinaloa.
Sin mencionar directamente al mandatario sinaloense, Harfuch sostuvo que los cargos públicos y el poder son temporales, mientras que la responsabilidad de quienes gobiernan permanece. Su posicionamiento coincidió con el cierre de filas de distintos integrantes de Morena en torno a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien cuestionó el regreso de Rocha al cargo.
“Los cargos y el poder que hoy tenemos son efímeros, pero nuestra responsabilidad no”, señaló Harfuch en un mensaje difundido en redes sociales.
La declaración llega además después de la participación del funcionario mexicano en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC), realizada en Buenos Aires, Argentina, donde presentó ante representantes internacionales la estrategia de seguridad de México y destacó la cooperación con otros países para enfrentar al crimen organizado.
Un mensaje que difícilmente puede separarse de la crisis en Sinaloa
Aunque García Harfuch no pronunció el nombre de Rubén Rocha Moya, el momento político en el que difundió su mensaje resulta significativo.
Rocha había retomado la gubernatura de Sinaloa después de permanecer separado temporalmente del cargo, en un contexto marcado por señalamientos del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el narcotráfico, acusaciones que el gobernador ha rechazado.
Su regreso provocó críticas dentro de Morena y una reacción pública de Claudia Sheinbaum. Posteriormente, Rocha volvió a solicitar licencia indefinida y el Congreso de Sinaloa aprobó la petición por unanimidad.
En ese escenario, la frase de Harfuch sobre el carácter “efímero” del poder funciona también como una advertencia política: el cargo no debería convertirse en un objetivo personal ni estar por encima de las instituciones.
La propia Sheinbaum había señalado que “el poder sin principios se vuelve arrogancia” y que ningún interés personal puede estar por encima de los intereses de México.
Por ello, aunque Harfuch no hizo una crítica directa a Rocha, su mensaje se suma a una serie de pronunciamientos que marcaron distancia respecto de la decisión del gobernador sinaloense.
Harfuch cierra filas con Sheinbaum
El secretario también manifestó su respaldo a la presidenta y aseguró que, bajo su conducción, continuarán trabajando en materia de seguridad.
La declaración busca transmitir una imagen de coordinación dentro del Gobierno federal en un momento en el que la controversia de Sinaloa puso bajo presión la cohesión política de Morena.
El episodio resulta particularmente incómodo para el oficialismo porque Rocha Moya pertenece al mismo movimiento político que gobierna el país. La dirigencia nacional de Morena, legisladores y gobernadores del partido se deslindaron de la decisión de regresar al cargo, según la información difundida durante el fin de semana.
La respuesta de Harfuch, por tanto, puede leerse como parte de una estrategia para colocar nuevamente el debate en el terreno de la responsabilidad institucional y no en el de los intereses individuales.
El viaje a Argentina y la relación con la DEA
Mientras en México se desarrollaba la polémica política, García Harfuch participó en Buenos Aires en la 40ª Conferencia Internacional para el Control de Drogas, organizada por la DEA.
El encuentro reunió a representantes de numerosos países para discutir mecanismos de cooperación contra el narcotráfico y otras expresiones del crimen organizado transnacional.
Durante su participación, el funcionario mexicano presentó los avances de la Estrategia Nacional de Seguridad y destacó la importancia del intercambio de información entre agencias.
También subrayó que las organizaciones criminales operan sin respetar fronteras, por lo que los gobiernos necesitan incrementar la coordinación.
La postura refleja un cambio importante en el discurso de seguridad mexicano: mientras la soberanía continúa siendo un principio central para el Gobierno federal, la cooperación operativa con agencias extranjeras adquiere un papel cada vez más relevante.
La cooperación con Estados Unidos vuelve al centro del debate
La participación de Harfuch ante la DEA también tiene una dimensión diplomática.
México y Estados Unidos mantienen una relación compleja en materia de seguridad. Washington ha presionado para que México fortalezca sus acciones contra el tráfico de drogas, mientras el Gobierno mexicano insiste en que cualquier cooperación debe respetar la soberanía nacional.
En Buenos Aires, sin embargo, Harfuch y el director de la DEA, Terrance Cole, mostraron una relación de cooperación en materia de seguridad.
Esto representa una paradoja interesante para la política mexicana.
Por un lado, el Gobierno de Sheinbaum busca mantener una postura firme frente a cualquier intento de injerencia extranjera. Por otro, las autoridades mexicanas necesitan información, inteligencia y coordinación con agencias estadounidenses para combatir organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera.
La cooperación, por lo tanto, no desaparece; se intenta redefinir bajo reglas mexicanas.
México presume avances, pero persisten preguntas
En la conferencia internacional, García Harfuch también presentó resultados de la estrategia de seguridad.
Entre los datos difundidos se encuentra una reducción del promedio diario de homicidios dolosos y una disminución en delitos de alto impacto. También se han reportado decomisos y acciones contra laboratorios utilizados para la producción de drogas.
Estos resultados forman parte del argumento del Gobierno federal para defender su política de seguridad.
Sin embargo, aquí aparece uno de los principales puntos que deben analizarse críticamente.
Una reducción estadística no necesariamente significa que la percepción de inseguridad haya desaparecido ni que las estructuras criminales estén desarticuladas.
La seguridad debe evaluarse no solamente con cifras nacionales, sino también mediante indicadores locales, denuncias, desapariciones, violencia regional, capacidad de las fiscalías y confianza ciudadana.
Además, existen cuestionamientos públicos sobre la metodología y las diferencias entre algunas cifras oficiales de homicidios y los registros del INEGI, lo que hace necesario un debate técnico sobre cómo se están midiendo los resultados.
El discurso de la seguridad necesita resultados sostenibles
El mensaje de Harfuch sobre la responsabilidad permanente tiene un punto central: los funcionarios pasan, pero las instituciones permanecen.
Precisamente por ello, el éxito de una estrategia de seguridad no debería depender exclusivamente de la imagen o popularidad de un secretario.
Una política de Estado requiere instituciones profesionales, investigaciones sólidas, policías capacitadas, fiscalías eficientes y mecanismos de rendición de cuentas.
También necesita continuidad.
Si la estrategia cambia cada vez que cambia un funcionario, difícilmente puede hablarse de una política de seguridad de largo plazo.
En ese sentido, la frase de Harfuch puede convertirse en una exigencia para su propia administración: si el poder es efímero, entonces los resultados deben ser capaces de sobrevivir a los funcionarios.
El caso Rocha exhibe los límites del poder político
La crisis alrededor de Rubén Rocha Moya deja una segunda lectura.
El gobernador regresó al cargo y, apenas un día después, volvió a solicitar licencia en medio de la presión política.
El episodio evidenció que incluso un gobernador en funciones puede enfrentar fuertes límites cuando su decisión genera rechazo dentro de su propio partido y del Gobierno federal.
También mostró que la disciplina partidista puede entrar en tensión con las decisiones personales de un funcionario.
Morena se deslindó del regreso de Rocha y distintos dirigentes y gobernadores marcaron distancia.
La situación representa un problema político para el partido, pero también una prueba para sus mecanismos internos de control y rendición de cuentas.
La responsabilidad pública no termina con el discurso
El mensaje de García Harfuch es contundente en el plano político, pero ahora tendrá que ser acompañado por resultados.
Decir que el poder es temporal implica reconocer que ningún funcionario debería considerarse indispensable.
Y decir que la responsabilidad permanece significa aceptar que las decisiones tomadas desde el Gobierno deben ser evaluadas por sus consecuencias.
En materia de seguridad, esto es particularmente relevante.
Cada operativo, cada detención, cada decomiso y cada investigación tiene consecuencias para las víctimas, las comunidades y las propias instituciones.
Por eso, el reto de Harfuch no está solamente en representar a México en foros internacionales o en fortalecer la cooperación con la DEA.
También está en demostrar que esa cooperación se traduce en mejores investigaciones, menos violencia y mayor capacidad del Estado para enfrentar a las organizaciones criminales.
Un mensaje político en un momento clave
La declaración de Omar García Harfuch ocurre en un momento particularmente sensible para el Gobierno de Claudia Sheinbaum.
El caso Rocha Moya abrió una discusión sobre el uso del poder, la disciplina dentro de Morena y los límites entre una decisión personal y una responsabilidad institucional.
Al mismo tiempo, la participación de México en la conferencia de la DEA muestra que la seguridad se ha convertido en uno de los principales espacios de cooperación y tensión entre México y Estados Unidos.
Harfuch aparece así en ambos escenarios: como responsable de la política federal de seguridad y como uno de los funcionarios más visibles del Gobierno mexicano en el ámbito internacional.
Su mensaje sobre el carácter efímero del poder puede ser interpretado como una defensa de la institucionalidad, pero también como una señal política hacia quienes pretenden colocar sus intereses por encima de las instituciones.
La verdadera prueba, sin embargo, estará en los resultados.
Porque si el poder es pasajero, como afirmó Harfuch, la ciudadanía será quien termine evaluando qué hicieron los funcionarios mientras tuvieron la responsabilidad de gobernar.
Y esa evaluación no se realizará únicamente con discursos, fotografías internacionales o estadísticas oficiales, sino con una pregunta mucho más sencilla: ¿México está realmente más seguro?
