La llamada curva de la felicidad, un patrón ampliamente documentado en ciencias sociales, está desapareciendo. Un estudio reciente publicado en la revista científica PLOS One demuestra que el bienestar de los jóvenes se ha deteriorado de forma drástica en los últimos años, lo que ha transformado la manera en que entendemos el bienestar a lo largo de la vida.
Mientras que durante décadas se creía que la felicidad seguía una forma de “U” —alta en la juventud, en descenso en la mediana edad y con repunte en la vejez—, la nueva evidencia muestra que el malestar inicia cada vez más temprano, alcanza niveles alarmantes en adolescentes y jóvenes adultos, y tiende a disminuir progresivamente con la edad.
Este hallazgo cuestiona uno de los paradigmas más citados en psicología y sociología, al tiempo que plantea un enorme desafío para las políticas públicas y para el futuro de las nuevas generaciones.
¿Qué era la curva de la felicidad?
La curva de la felicidad fue descrita en 2008 y respaldada por más de 600 estudios en distintos países. Según esta teoría, las personas alcanzaban un alto nivel de satisfacción vital en la juventud, enfrentaban un fuerte declive emocional alrededor de los 40 o 50 años —conocida popularmente como la “crisis de la mediana edad”— y recuperaban bienestar conforme envejecían.
El fenómeno estaba tan bien documentado que se convirtió en un referente para explicar la evolución del bienestar humano a lo largo del ciclo vital. Sin embargo, el nuevo análisis demuestra que esta regularidad se está rompiendo en todo el mundo.
El nuevo estudio que lo cambia todo
La investigación, liderada por expertos de Dartmouth College (Estados Unidos) y la Universidad de Londres, analizó más de 10 millones de encuestas realizadas entre 1993 y 2025.
Los datos provienen de tres grandes fuentes:
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Estados Unidos, con registros longitudinales de adultos recopilados durante más de 30 años.
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Reino Unido, a través de un seguimiento de 40.000 hogares entre 2009 y 2023.
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Encuesta Global Minds, con información de 44 países y casi 2 millones de participantes.
Los resultados fueron contundentes: en la actualidad, el malestar emocional inicia en la juventud y disminuye con la edad, reemplazando la tradicional curva en forma de U.
El deterioro de la salud mental en los jóvenes
Los investigadores encontraron que los jóvenes —especialmente los menores de 25 años— reportan niveles de angustia, ansiedad y depresión equivalentes a los que antes se registraban únicamente en la mediana edad.
Entre las principales conclusiones destacan:
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La generación Z (nacidos a partir de 1996) es la que presenta mayores niveles de depresión y ansiedad en la historia reciente.
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Las mujeres jóvenes muestran un malestar significativamente mayor que los hombres de su misma edad.
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El COVID-19 y sus secuelas sociales y económicas aceleraron este deterioro.
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El uso intensivo de redes sociales y teléfonos inteligentes es un factor determinante en la pérdida de bienestar.
De hecho, en países en desarrollo donde el acceso a internet es limitado, la salud mental de los jóvenes no se ha deteriorado con la misma intensidad.
Factores que explican el cambio
Los expertos señalan que no hay una sola causa, sino una combinación de factores globales que han incidido en este declive:
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La crisis económica de 2008, que limitó las oportunidades laborales y salariales de los jóvenes.
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El impacto de la pandemia, que aumentó los niveles de aislamiento, incertidumbre y estrés.
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El auge de las redes sociales, que fomentan comparaciones sociales constantes, pérdida de tiempo libre y baja interacción cara a cara.
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Educación sobreprotectora, que ha generado baja tolerancia a la frustración, según especialistas como Eduardo Vieta, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona.
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Brechas de género, ya que la presión social y cultural sobre las mujeres jóvenes sigue siendo más intensa.

Consecuencias del malestar juvenil
El cambio en la curva de la felicidad no es un simple dato académico: tiene consecuencias profundas en la sociedad.
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Impacto en la salud física: quienes experimentan malestar emocional tienen mayor riesgo de enfermedades crónicas y menor esperanza de vida.
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Aumento en hospitalizaciones: los ingresos hospitalarios por problemas de salud mental en adolescentes han crecido en países como Estados Unidos y España.
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Uso de psicofármacos: el consumo de antidepresivos entre jóvenes se ha incrementado de manera notable.
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Riesgo de suicidio: las tasas de suicidio juvenil han aumentado en varios países desde 2010.
Diferencias entre países y regiones
Aunque la tendencia es global, los investigadores detectaron matices importantes:
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El deterioro es más fuerte en países desarrollados de habla inglesa y Europa occidental.
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En América Latina, los datos también reflejan una caída del bienestar, pero con diferencias según nivel socioeconómico.
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En África, los cambios son menos evidentes, lo que podría explicarse por la menor penetración de internet y redes sociales.
¿Cómo pueden los jóvenes combatir el malestar?
Arthur Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, propone tres pasos urgentes para que las nuevas generaciones enfrenten esta crisis de salud mental:
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Fortalecer las relaciones cara a cara, priorizando la conexión real sobre las interacciones virtuales.
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Cultivar la vida interior, ya sea a través de prácticas filosóficas, espirituales o de reflexión personal.
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Reducir la dependencia del consumo material, entendiendo que las comodidades no sustituyen la satisfacción emocional.
Por su parte, los autores del estudio sugieren que gobiernos y familias deben fomentar alternativas al tiempo en pantalla: actividades al aire libre, deporte, convivencia social y recuperación de los espacios comunitarios.

El futuro de la curva de la felicidad
Una de las preguntas abiertas es qué ocurrirá cuando los actuales jóvenes lleguen a los 40 o 50 años. ¿Se repetirá la crisis de la mediana edad o el nuevo patrón se consolidará?
El economista David G. Blanchflower, autor principal del estudio, advierte que “la curva de la felicidad no desapareció por completo; está mutando y probablemente se vuelva más extrema en los próximos años”.
Esto significa que, si no se toman medidas, el malestar juvenil podría intensificarse y trasladarse a etapas posteriores de la vida, creando generaciones más vulnerables.
Un llamado urgente a la acción
Los especialistas coinciden en que la situación requiere una respuesta integral:
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Gobiernos: invertir en programas de salud mental accesibles para jóvenes.
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Educación: incluir herramientas de manejo emocional y resiliencia en las escuelas.
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Sociedad civil: fomentar entornos comunitarios que reduzcan el aislamiento.
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Familias: equilibrar el uso de la tecnología con espacios de convivencia presencial.
La desaparición de la curva de la felicidad es un síntoma de una crisis global en la salud mental juvenil. Reconocerla es el primer paso para revertirla.
El estudio publicado en PLOS One rompe con uno de los hallazgos más sólidos de la psicología social: la existencia de una curva de bienestar estable a lo largo de la vida.
Hoy, los datos muestran que los jóvenes son el grupo más afectado por la infelicidad, mientras que el malestar tiende a disminuir en los adultos mayores.
Este cambio histórico obliga a replantear políticas, hábitos y formas de convivencia. La salud mental de los jóvenes no es solo un problema individual: es un desafío colectivo que definirá el futuro de nuestras sociedades.
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